LA SALUD MENTAL DE LAS PERSONAS MAYORES, UNA PRIORIDAD SANITARIA Y SOCIAL

 *      DIMENSION DEL PROBLEMA

La población de personas de 65 años y más (P65+) no ha parado de crecer en los últimos años. El Banco Mundial estima que en 2024 las P65+ representan el 10% de la población mundial, cifra que se ha duplicado desde 1960.

En Hispanoamérica, la transición demográfica cursa con mayor celeridad. Más del 8 % de la población superaba los 65 años en 2020 y se estima que esa proporción se duplicará para 2050, e incluso superará el 30 % a finales de siglo.

En España en 2024, según el INE, el porcentaje de P65+ ascendía al 23 % de la población española, es decir, más de 1 de cada 5 ciudadanos. La tendencia al alza de esta población y las bajas tasas de natalidad ya sitúan a España entre los países más envejecidos.

La elevada representación de P65+ en la población española exige políticas sociales y de salud adecuadas a sus necesidades, entendiendo la salud como un todo e integrando sus dimensiones biológica, psicológica y social.

 

*      Más enfermedades crónicas y más pérdida de seres queridos

Que la salud de las personas de P65+ se vea especialmente resentida se debe a la mayor frecuencia de enfermedades crónicas e invalidantes y de trastornos neurodegenerativos y mentales. Además, eventos vitales como la jubilación o la pérdida de seres queridos producen un impacto psicológico y social elevado.

En 2020, un 50 % las P65+ valoran positivamente su estado de salud (más las mujeres), un 41,3 %  tienen algún problema de movilidad (más las mujeres) y un 26,6 % refieren algún grado de deterioro cognitivo.

 

*      LOS MAYORES MAS VULNERABLES A LA ENFERMEDAD MENTAL

La frecuencia de trastornos mentales en P65+ en consultas de primaria ha pasado del 25 % en 2016 al 36 % en 2021, reflejando seguramente tanto un aumento de su frecuencia e intensidad en la población general. Los más frecuentes en 2021 fueron los trastornos de ansiedad (17 % en mujeres y 9 % en hombres), seguidos por el insomnio (7,8 %) y la depresión (4,6 %). Estas frecuencias se elevan con la edad, especialmente la depresión y el insomnio.

El suicidio es la consecuencia mortal más importante de la enfermedad mental. España mantiene una cifra estable en los últimos 30 años y una situación intermedia en la escala europea, pero con tasas de suicidio mucho más elevadas en personas mayores, en concreto en mayores de 75 años.

Por otro lado, el consumo de psicofármacos y en especial de benzodiacepinas (fármacos para reducir la ansiedad o para dormir) entre la población española es muy elevado, particularmente en P65+, encabezando el consumo europeo de estas sustancias.

 

*      Es necesario tomar medidas

La evidencia acumulada de trastornos mentales en este grupo de edad, y sus consecuencias en calidad de vida, discapacidad y supervivencia, demanda una llamada de atención urgente, requiriendo una respuesta institucional y ciudadana integrada para afrontar con urgencia esta prioridad de salud pública y social.

 

*        La OMS recomienda concentrar los esfuerzos en:

-        Reducir los factores de riesgo asociados a enfermedades e incrementar los de protección de la salud a través de hábitos saludables y el ejercicio físico.

-        Desarrollar acciones protectoras de la función cognitiva.

-        Promover actitudes positivas ante la vida.

-        Favorecer la participación social.

-        Incluir a los mayores en las deliberaciones de las nuevas políticas

También en el seno de la UE se han preconizado dichos principios, como en el Documento de Consenso sobre Salud Mental en las Personas Mayores de 2008 o la Conferencia Temática sobre Bienestar y Salud Mental de las Personas Mayores, celebrada en Madrid en 2010, con una amplia representación interdisciplinar de profesionales de nuestro país. Merece la pena resaltar un punto específico de sus conclusiones: la necesidad de incluir a los propios mayores en las deliberaciones de las nuevas políticas y en la evaluación de sus resultados.

 *        El problema de la brecha digital

La salud mental de las P65+ se ve afectada por un conjunto de factores de riesgo que generan una mayor frecuencia de trastornos potenciados por la creciente esperanza de vida. La sociedad ha cambiado en los últimos 50 años y también el papel de los mayores en ella. Los avances tecnológicos y nuevas plataformas de gestión y comunicación digital colocan a las personas mayores en situaciones de desventaja, dando lugar al concepto de “brecha digital”.

*        SOLEDAD

La situación frecuente de soledad derivada de la marcha de los hijos o de la necesidad de vivir con ellos o en residencias de mayores, sitúa a P65+ en condiciones de mayor exposición ante factores de riesgo derivados del entorno familiar y social.

La pérdida de seres queridos, amigos y, en especial, de la pareja, la vivencia de la jubilación y la elevada incidencia de enfermedades crónicas, invalidantes o de mal pronóstico hacen que esta etapa de la vida sea de una gran vulnerabilidad para la aparición de trastornos mentales, muchos de ellos relacionados con el estado de ánimo (depresión, ansiedad) y sus consecuencias en términos de calidad de vida y mortalidad.

 

*        EDADISMO

A esto se añaden los riesgos derivados del edadismo, concepto que recoge cómo pensamos, sentimos y actuamos en relación con otras personas en función de su edad. En el caso de las personas mayores podríamos recopilar numerosas creencias y prejuicios relacionados con el deterioro físico, mental, con la capacidad para confiarle tareas, etcétera.

Estas creencias chocan con la realidad dado que, hoy día, el aumento de la esperanza y calidad de vida ha hecho que numerosas personas mayores tengan plenas capacidades para desarrollar tareas y profesiones hasta ahora reservadas a nuevas generaciones. El concepto de capacidad funcional debe extenderse en el ámbito profesional, aprovechando el potencial que aporta la experiencia y la capacidad resolutiva ligada a ella.

 

En conjunto, las perspectivas de mejora de la salud y de la calidad de vida de las P65+ pasan por un esfuerzo de carácter multisectorial, donde la salud –y dentro de ella la salud mental– sea un concepto transversal en todas las políticas.

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Isabel Noguer

Soy Isabel Noguer, Doctora en Medicina y Psicoterapeuta, con una sólida trayectoria en el campo de la medicina, la salud mental y la investigación. Mi experiencia abarca desde la práctica clínica hasta la docencia, la investigación científica y el trabajo y consultoría en organismos internacionales. Mi enfoque profesional se basa en la integración de diferentes disciplinas para proporcionar un abordaje holístico y basado en la evidencia científica.

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